Perdón por el despiste, pero esto de terminar la carrera no le deja a una tiempo para mucho.
Clara es una de esas extrañas mujeres a las que le gusta marearse en sus desgracias y en sus tristezas; envolverse en el fango y morir en el humo de su cigarrillo lleno de carmín.

Una de esas mujeres capaz de ganar las más grandes batallas pero incapaz de hacerse con la victoria en lo cotidiano.
Clara no sabe de sonrisas, ni de sueños por cumplir. Lo suyo es la mala vida, los pucheros y la incertidumbre de sus cuatro paredes. Las cuatro paredes de una cocina que se le queda pequeña y que a la vez es su único mundo.
Desde bien jovencita, lo suyo ha sido la entrega, el amor desmedido y la falta de medida en su felicidad. Aprendió a vivir a través de los ojos de Paco, su Paco, ese eterno soplo de vino más noble que un corderito, pero no por ello menos cretino y altivo.
A su Paco nunca le faltó de nada, ni la palabra amable, ni una mujer que tomar, ni unos niños a los que ignorar, ni el vasito de vino al volver del duro día de trabajo, después de la obligada cita con el bar de la esuina y los compañeros de faena. Su Paco siempre ha sido el mejor planchado, el más limpio del barrio. Clara, siempre ha sido la mujer del Paco, entradita en carnes pero aún de buen ver, siempre tan pintada y apañada. Que con dos trapos se hacía el mejor vestido.
A Clara le gusta marearse en sus desgracias y en sus tristezas; envolverse en el fango y morir en el humo de su cigarrillo lleno de carmín. A Clara le gusta una vida que no le hace feliz, un marido al que quiere pero no ama, un reflejo en el espejo al que quiere pero no reconoce y unos pucheros a los que mima pero no quiere.
A Clara le gusta marearse en sus tristezas y desgracias. A Clara le gustaría sonreir antes de morir.
Dedico la mañana a echar un vistazo a la prensa digital -por aquello del guiño diario a la prensa escrita, aunque sea digital- y me sorprendo, que no ofendo, al leer una opinión, firmada por Marcos Morales quien, bajo el título "Todos tenemos que comer" se dedica a sabotear la pericia de una Ana Rosa Quintana, más rosa que otra cosa, desde que se ha convertido en estandarte y cara del programa de Telecinco que lleva su nombre "El programa de Ana Rosa" (hay que reconocer la originalidad de un título tan obvivo que nunca podría ser otra cosa que eso, demasiado obvio)
El artículo de opinión, publicado en larazon.es, arranca sin sutilezas de este modo:
Ana Rosa Quintana es capaz de hacer periodismo de verdad pero también puede mezclarse con los colaboradores más horteras de la historia. Ana Rosa se zambulle por la basura sin mancharse, desciende hasta las fosas inmundas de «La Casa de tu vida» y, a continuación, se codea con los contertulios serios de la cosa política, tal vez incómodos en medio del corazoneo embrutecedor
No puedo negar lo evidente pues, tan obvio como el título es el hecho de que Ana Rosa tiende al "rosa" (de prensa, se entiende) sin remedio. Pero quizá me parezca algo grotesco el lanzarse ahí, a la crítica mordaz, sostenida en algo tan básico como la opinión terca ante la prensa rosa.
Es cierto que Ana Rosa puede haber perdido el norte periodístico, pero no el de profesional de los medios, capaz de sacar adelante un programa matinal y almorzarse a la grande del formato: Maria Teresa Campos. Un programa que fue creado para la segunda, la grande que tornó la mirada a las arcas de Antena 3 en donde, hoy en día, acompañada de su fiel séquito y de una sintonía de cabecera demasiado parecida a la del formato original (por no despistar al público), hace lo mismo que la Quintana, pero con los rivales.
En resumen, que el dinero es poderoso y la prensa rosa mucho más. Le pese a quien le pese (y seguramente, por aquello del defecto profesional, como futura periodista a mí me pese y mucho) lo rosa vende y, en televisión, quien vende gana.
Quizá sea demasiado gratuito calificar de "basura" todo aquello que no es prensa seria porque, está claro que lo rosa no es serio, pero tampoco por ello basura, ¿o sí?.
Nacional Geographic Channel ofrece en su documental “En el vientre materno” dos horas de metraje en las que, con imágenes sorprendentes relata el periodo de gestación de un bebé; desde el momento de la fecundación hasta el maravillosos proceso del parto.
Cada año, más de 130 millones de mujeres de todo el mundo experimentan la maternidad. Un proceso, el de gestación, desconocido para la ciencia, que no está exento de riesgos y que hasta el momento, no había podido ser contemplado al detalle. “En el vientre materno” sigue pasos a paso la evolución de un embarazo durante los 9 meses de gestación.
El embarazo, una verdadera aventura desconocida
hasta el momento, que se materializa gracias a las últimas tecnologías en imágenes ultrasónicas en 3D y 4D, que hacen posible la recreación de secuencias en movimiento a tiempo real. Este proyecto documental nos ofrece imágenes insólitas, tan cercanas como desconocidas a la vez.
Hasta el momento, todos los documentales sobre el proceso de gestación del feto nos habían ofrecido imágenes en 2D y en blanco y negro. La gran aportación de esta producción de Nacional Geographic Channel es brindar la posibilidad de contemplar, por primera vez, el desarrollo del embarazo de la forma más real posible. Los gestos del futuro bebé, sus reacciones y la respuesta a los estímulos se hacen visibles gracias a las técnicas empleadas en esta producción de más de dos horas de metraje.
Sentimientos en el vientre materno
Entre las grandes aportaciones del documental, el registro de imágenes escaneadas en 4D, de un feto de entre 11 y 12 semanas, que se golpea y mueve las piernas, mostrando así actos reflejos. Estas y otras imágenes, han servido para demostrar que, desde las primeras semanas de gestación, el feto es capaz de reaccionar a los estímulos externos, así como mostrar emociones y experimentar cambios de humor al tiempo que la madre.
El documental llega incluso más lejos, demostrando en imágenes como un feto, sometido diariamente a la sintonía de una serie de televisión, termina por reconocerla y reaccionar cuando esta suena. Incluso, en el último trimestre del embarazo, el escáner 4D desvela la habilidad del feto para percibir sus primeras reacciones dormido, ofreciendo así un curioso e insólito punto de vista del futuro bebé, mientras percibe sonidos musicales o escucha la voz de su madre.
“En el vientre materno”: la producción.
El día de la madre fue el elegido para emitir la cinta, un estreno que ha levantado gran expectación en todos los medios de comunicación, desde el momento de su presentación, gracias a la belleza de sus imágenes y el cuidado montaje, pero también porque, por primera vez en la historia, un documental permite contemplar en directo la gestación de un bebé.
La producción de National Geographic Channel, tras un acuerdo previo con Terra España, está a disposición de los internautas desde el día 28 de abril en la dirección de Internet www.nationalgeographic.terra.es, creada en exclusiva para este acontecimiento.
En esta página, los internautas encontrarán también imágenes en exclusiva, así como el making of del documental y vídeos de gran calidad y en pantalla completa, en formato Windows Media y Real Placer.
Por su parte, el canal de televisión –y una vez estudiado el gran éxito a nivel de audiencia de la cinta- volverá a emitir el documental en Nacional Geographic Channel, los días: martes 10 de mayo, a las 22:00 horas; el domingo 5 de junio, a las 20:00 horas; el sábado 11, a las 19:00 horas y, por último, el lunes 20 de junio, a las 19:00 horas.
Todo lo que limita la libertad me vuelve loco
Sólo alguien como el dibujante Quino, podía ser capaz de convertir a una niña pequeña, la inteligente Mafalda, en los ojos más sagaces con los que mirar el mundo.
CLARA:Mujer oronda y rotunda. A sus 40 años, lo suyo ha sido la entrega y la dedicación. Más que mujer, es madre; más que amante, es esposa. Más que ella misma, es su familia.
Por: CLARA
Había decidido no tener hijos. Pero vamos, que eso no es nada nuevo, lo había decicidido ya hace muchos años. Yo siempre la recuerdo con eso de "a mí los niños no me gustan, que dan mucho la lata". Además, que a ella los niños no le pegaban ni con cola. Ni le conjuntaban con la ropa, ni quedaban bien en su salita de estar.
Lo había decidido hace muchos años, estábamos en el colegio y todo, acuérdate.
Todo el mundo se lo decía lo mismo. "Tú no tienes madera de madre, si ni siquiera te sabes ocupar de tí misma", le decía su madre. "Eso de los niños le pega más a tu hermana, con lo independiente y moderna que tú eres" le decían sus amigas. "Menuda casa que tienes, ¡y qué tren de vida!, cómo se nota que no piensas tener hijos" le decía Juani la del tercero izquierda.
Mirta lo había decidido hace ya mucho tiempo. Emplearía su vida en desarrollarse intelectualmente y esas cosas que a ella le gustaban, en ver pelis de esas con subtítulos (que ya me dirás tú si con eso te enteras de algo) y beber capuccinos a las 11 de la noche. Ocuparía sus vacaciones en paradisíacos destinos y sus sábanas en hombres variados y pintorescos. Sí, ella lo había decidido hace ya muchos años. No tebía madera de madre, vamos, eso saltaba a al vista, no me digas.
Además, nunca le gustaron los críos y no tenía tiempo para buscar guarderías por su barrio, ni ganas de ver sus pechos en el suelo. Oye, que yo no la juzgo, ¿eh? que ella siempre fue una chica muy moderna y muy lista.
El otro día me la encontré por la calle, así, de cuasualidad. Fíjate que al principio ni la reconocí; tan guapa, tan intelectual, tan delgadita... casi más que cuando pasábamos las tardes comiendo pipas. Madre mía... cómo pasa el tiempo. Lo dicho, que me la encontré y casi no la reconozco, creo que por su expresión ella a mí tampoco. Ya sabes, yo iba con Carlos y los niños y con el barrigón que tengo... Sí hija, de 7 meses ya, y deseando el día.
Estaba muy guapa. El caso es que quedamos para ir al día siguiente a tomar un café por el centro, pero con los niños y Carlos todo el día con los viajes del trabajo, le dije que se viniera a casa y me dijo: "no Clara no, que estarás muy liada" y yo "Mirta hija, que sí, que así me hablas de tus cosas".
Bueno, pues al final se vino y llevaba un vestido muy bonito, de un diseñador de fuera de España. Yo nunca he llevado un vestido de esos, ni he salido fuera, ni...
¿Oye, y qué tal tú?